Votos artificiales

Agregar votos artificiales a una urna electoral es una de las técnicas de fraude más sencillas y antiguas que se conocen. Consiste básicamente en agregar  boletas de votación adicionales a la urna, para favorecer a una opción o candidato.

En sistemas de votación manual, la manera de ejecutar este tipo de fraude es extremadamente fácil: se marcan boletas de votación con la opción que se desea favorecer y se introducen en la urna, inflando la cantidad de votos presentes en la misma. Al final del día de la elección, cuando se procede al escrutinio, se estarán contando votos de más para la opción o candidato a quien se busca favorecer con el fraude.

En muchos casos, este procedimiento se combina con el de destrucción de votos, de modo que en realidad se sustituyen votos de una o más opciones por los de la opción que se desea favorecer, para que la cantidad total de boletas en la urna sea la misma que la de votantes que asistieron a un determinado puesto de votación, y así disminuir la la posibilidad de que el fraude sea detectado.

Al igual que en el caso de la destrucción de votos, se han establecido  procedimientos  para intentar contrarrestar este tipo de acción. El  más sencillo es  mantener un control previo de la cantidad de boletas enviadas a cada puesto de votación para el día de la elección y al final de dicho día, la cantidad de boletas en la urna sumada a la cantidad de boletas sin usar, debe corresponder a la cantidad inicial enviada, y este hecho debe constar en el acta de escrutinio o de cierre del puesto de votación. Cualquier anomalía en esta cuenta se considera  una irregularidad.

ballot_stuffingEl problema con este tipo de procedimiento es que, al ejecutarse una vez que se cierra el proceso y se contabilizan los resultados, es imposible reconstruir la cantidad original de votos que se tenían para cada opción, lo que produce  resultados irreales, con lo cual el fraude habría sido exitoso, o fuerza la impugnación de la elección, y obliga a repetirla, al menos, en ese puesto de votación. Todo esto podría tener un alto impacto logístico y político, además de un incremento en el costo de la elección. Finalmente esto contribuye, también, a disminuir la confianza en el sistema electoral.

¿Qué ocurre en los sistemas automatizados de votación?

Los sistemas automatizados que se limitan a transmitir por algún medio la información de las actas de votación, o que llevan a cabo conteo centralizado de boletas son igual de vulnerables a esta técnica que los sistemas manuales. En el primer caso, la automatización entra en escena luego de contados los votos de manera manual y en el segundo, es posible introducir votos artificiales (e incluso destruir las reales) antes de su digitalización y conteo.

Los sistemas que hacen conteo automatizado en el mismo puesto de votación, aunque son más seguros e impiden la destrucción de boletas, son susceptibles a la introducción de boletas adicionales con votos artificiales. La ventaja que presentan es que, al no permitir destruir boletas ya introducidas de manera legítima por los electores, dejaría en evidencia que la cantidad de boletas introducidas es mayor a la cantidad de electores que asistió a votar.

En los casos de sistemas electrónicos de registro directo de votos, ocurre algo similar al caso anterior, puesto que los votos ya registrados no pueden destruirse -de hecho, no pueden conocerse sino hasta que se lleva a cabo el escrutinio-. Adicionalmente un sistema de este tipo que cuente con mecanismos de autenticación biométrica del elector, cerraría cualquier posibilidad de introducir votos artificiales, ya que una misma persona no tendría la posibilidad de marcar más de un voto. Por esto, este tipo de sistema es superior, en términos de seguridad ante este tipo de fraude.

¿Cuál es entonces la solución ideal para evitar este tipo de fraude?

Un sistema electrónico de registro directo de votos con autenticación biométrica del elector impide tanto la destrucción de votos como la introducción de votos forjados, por lo cual es el que mejor puede garantizar el principio de “un elector, un voto”.

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