Jair Bolsonaro y el mito del fraude electoral
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Bolsonaro y el mito del gran fraude en Brasil

Sin presentar pruebas, y contradiciendo a expertos en automatización electoral, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha estado por años hablando de la existencia de un supuesto fraude llevado a cabo con el sistema de votación electrónico de su país.

Estas acusaciones se han tornado mucho más agresivas este año, en medio de una caída impresionante en su popularidad, y ante los rumores de que el expresidente Luiz Inácio Da Silva pudiera volver a postularse. El panorama de Bolsonaro se agrava, además, con un reciente informe del senado brasileño donde se le acusa de negligencia e incluso conducta criminal en el manejo de la pandemia producto de la COVID-19.

Bolsonaro enfrenta continuas protestas en su contra
Bolsonaro enfrenta su popularidad histórica más baja y protestas en varios frentes

Estas acusaciones llevan varios años

El 7 de octubre de 2018 se llevaron a cabo elecciones generales en Brasil, con la participación de 13 candidatos. A pesar de haber obtenido una ventaja en primera vuelta de 46% contra un 29% del segundo lugar, el entonces candidato Jair Bolsonaro denunció un fraude, aludiendo a supuestas irregularidades en algunas urnas, y exigiendo una completa auditoría.

El argumento de Bolsonaro sería que le arrebataron el triunfo que debió darse directamente en la primera vuelta en la que, según su campaña, debió haber obtenido más del 50% de los votos.

La autoridad electoral en su momento accedió a llevar a cabo las auditorías solicitadas de manera pública, antes de llevar a cabo la segunda vuelta, y fue claro para todos los testigos que no ocurrió ninguna irregularidad con las urnas electrónicas en dicha elección.

El 28 de octubre Bolsonaro ganaría la segunda vuelta, con el 57% de los votos.

Nada de lo anterior ha impedido que Bolsonaro continuara asegurando la existencia de fraude en las elecciones de su país, y en 2020 llegó a afirmar que tenía pruebas contundentes de ello y que las mostraría en pocos días. Más de un año después esas pruebas no han sido presentadas.

¿Y el voto impreso?

Uno de los argumentos presentados gira en torno a la introducción del voto impreso. El argumento a favor de voto electrónico con comprobante impreso no es nuevo y la mayoría de los países que implementan voto o conteo electrónico producen una copia física del voto. Incluso la propia Urna Electrónica de Brasil contempla la posibilidad de este mecanismo desde su diseño original en 1996. Sin embargo, la impresora incorporada en la urna se ha usado principalmente para impresión de reportes (como acta de apertura y de resultados) y no los votos.

En el año 2002 se llevó a cabo un experimento con voto impreso en una muestra de 150 circuitos electorales. En dicha oportunidad no se produjo ninguna diferencia significativa entre los circuitos con voto impreso y los que no lo implementaron.

Si bien es cierto que la impresión de un comprobante de voto puede introducir ventajas en cuanto a transparencia, el sistema de votación de Brasil tiene muchos otros mecanismos de auditoría y control que han mantenido las elecciones seguras en los últimos 25 años.

Es necesario entender además el impacto en cuanto a costos que tendría en un país que despliega cerca de medio millón de máquinas en cada elección, la introducción de una impresora adicional en cada una de ellas, y la idiosincrasia electoral brasileña donde en el pasado la existencia de un voto en papel fue aprovechada como mecanismo de coerción y compra de votos llevando a la eliminación de cualquier tipo de comprobante, precisamente como mecanismo para reducir el fraude.

¿Dónde están las evidencias?

Bolsonaro y Trump siguen similares estrategias
Bolsonaro con Trump / 2019

Aunque en cualquier tipo de elección es normal que existan mecanismos para solicitar impugnaciones, auditorías e investigaciones, una acusación de fraude requiere de la presentación de evidencias, y a pesar de haber dicho en varias ocasiones que posee evidencias contundentes, la realidad es que ni Bolsonaro ni su partido han sido capaces de presentar ninguna evidencia, o si quiera un indicio creíble, hasta el momento.

Si bien es cierto que la ausencia de evidencias no demuestra que el proceso sea completamente seguro, el hecho de que no se hayan presentado ni siquiera indicios sustentados de irregularidades que pudieran cambiar el resultado, considerando que se hacen elecciones cada dos años y se despliega cerca de medio millón de urnas en cada elección hace evidente que las denuncias no tienen un basamento real.

¿Es confiable el voto en Brasil?

A pesar de no imprimir comprobante de votación para la verificación del elector, la Urna Electrónica de Brasil pasa por diversos procesos de auditoría antes, durante y después de cada elección. El Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil insiste en que los mecanismos existentes son suficientes para garantizar la transparencia de las elecciones.

Algunos de estos mecanismos incluyen:

  • Todo el diseño tanto de Hardware como de Software es propiedad del TSE. En este caso solo se contrata terceros para la fabricación de las máquinas, pero ningún elemento es programado por el proveedor.
  • Todas las máquinas poseen sellos de seguridad que evidenciarían cualquier intento de acceso indebido a los componentes.
  • El software produce entradas de bitácora de cada una de las tareas ejecutadas que son analizadas y verificadas en auditorías posteriores a la elección, y donde se recoge toda la actividad de la urna.
  • Se hacen auditorías aleatorias a máquinas antes y después de la elección. Es posible hacer análisis forenses a urnas denunciadas como sospechosas por algún actor político, tal como ocurrió en la primera vuelta de 2018, donde el análisis forense no mostró fallos.
  • Durante la distribución se seleccionan máquinas de manera aleatoria para ser sustituidas y las seleccionadas son sometidas a un proceso de auditoría de precisión paralelo durante el mismo día de la elección.
  • Periódicamente el TSE ha invitado hackers a revisar las máquinas, la implementación de los algoritmos, e intentar ataques. Cuando se han encontrado vulnerabilidades estas han sido identificadas, corregidas posteriormente y los resultados siempre se han hecho públicos. El último evento se llevó cabo en 2017 y los resultados y resolución de observaciones se presentaron en 2018.

La narrativa del fraude

La narrativa de fraude, antes y después de una elección no es nada nuevo, ni tampoco exclusivo de Brasil. Establecer una narrativa de fraude previa a la elección puede tener diferentes objetivos, que van desde justificar una posible derrota o anular un proceso electoral, hasta sembrar las bases para un desconocimiento de un resultado que no se proyecta favorable.

En el caso de Bolsonaro, esta narrativa funcionó al momento de su elección en 2018 para reforzar su imagen de candidato antisistema que vence los obstáculos que le imponen para finalmente llevar a cabo la voluntad del pueblo. En esta ocasión, con su popularidad en el mínimo, envuelto en investigaciones por corrupción y mal manejo de la pandemia, sus posibilidades de ganar la reelección se ven reducidas, y ante un escenario similar al de las elecciones de los Estados Unidos en 2020, la estrategia parece ser similar a la de allá.

El experto brasileño Diego Aranha se opone a que se discuta el tema técnico del voto impreso en el contexto de una acusación de fraude

El problema con la narrativa de fraude en Brasil es que desde 1996 y de manera sostenida, las elecciones se han mostrado transparentes, los resultados consistentes, y las auditorías satisfactorias. Incluso expertos que llevan años estudiando la urna electrónica, haciendo críticas y sugerencias, e impulsando la propuesta de impresión del voto, se muestran contrarios a los planteamientos de Bolsonaro.

Ciertamente la actitud del TSE de oponerse rotundamente a la implementación del voto impreso no ayuda al debate, y contribuye al discurso de los partidarios de Bolsonaro, de que “algo están escondiendo”. Pero más allá de eso, la realidad muestra que nunca se han presentado evidencias de fraude en ninguna elección en Brasil desde que se implantó el voto electrónico.

Mientras tanto, no deja de ser paradójico que Bolsonaro acuse precisamente a sus enemigos políticos de negarse a implementar el voto impreso para robarle una victoria, cuando fue precisamente Lula Da Silva quien aprobó el voto impreso en el año 2009, que luego sería declarado inconstitucional por el Tribunal Supremo.

Créditos de imágenes:
Photo by Thiago Kai from Pexels
Photo by Matheus Câmara da Silva on Unsplash
AFP

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