El secreto del voto en Venezuela

A pesar de que algunos pequeños sectores han intentado sembrar la idea de que el voto en Venezuela podría no ser secreto, ha sido perfectamente validado por parte de todos los sectores políticos que el secreto del voto es inviolable en Venezuela.

¿Cómo se logra esto?

Cada vez que se registra un voto en una máquina de votación venezolana, éste es grabado de manera electrónica en la memoria de dicha máquina. Este proceso se hace de manera que sea imposible reconstruir la secuencia en la cual fue grabado el voto, por lo cual, aún sabiendo el orden en el que los electores emitieron su voto, sería imposible conocer la opción seleccionada por cada votante.

Adicionalmente, cada voto se imprime en un comprobante individual, que el propio elector deposita en una caja de resguardo. Dicho comprobante no contiene ninguna información que pueda vincularlo con el elector, por lo cual también es imposible reconstruir la información a partir del contenido de la caja de resguardo.

¿Y qué ocurre en el SAI?

La única función que cumple el Sistema de Autenticación Integral (SAI) es la de verificar que el elector que debe votar es quién dice ser, y una vez hecha esta verificación, permitir que la máquina sea activada para que pueda ejercer su derecho al voto.

Si revisamos el funcionamiento del sistema de votación automatizado en Venezuela hasta las elecciones parlamentarias de 2010, recordaremos que, para que un elector tuviera acceso a emitir su voto en la máquina, ésta debía ser previamente activada por el presidente de la mesa de votación, presionando un botón de color azul conectado a la máquina. La activación de la máquina era un proceso totalmente discrecional por parte del presidente de la mesa, a partir de la verificación de los datos en el cuaderno de votación de forma manual.

En el informe de observación de la misión de la Unión Europea posterior a las elecciones presidenciales de 2006, consta la sugerencia de adoptar un sistema de cuadernos electrónicos de votación, que permitiera la autenticación biométrica del elector, previa a la activación de la máquina y justamente la implantación del SAI pone en práctica esta adopción.

El SAI aún utiliza el mismo botón azul para activar la máquina. Sin embargo, esta activación no puede hacerse únicamente por la voluntad del presidente de mesa. De hecho, si se presiona simplemente el botón sin que haya un elector presente, la máquina no se activará.

Antes de la activación, debe verificarse que haya un elector presente y que ese elector sea quien dice ser (mediante la revisión de la cédula de identidad y de las huellas dactilares). Una vez se completa el proceso de activación, el botón azul se ilumina, indicando que está habilitado, y es en este momento el presidente de la mesa puede presionarlo y activar la máquina para el elector. La única comunicación entre el sistema de votación y el SAI sigue siendo, al igual que ocurría anteriormente, a través del botón azul de activación.

Adicionalmente el SAI registra que el elector ya votó, lo que impide que puedan hacerse más activaciones usando la misma identidad o la misma huella dactilar. Esta lista de huellas que “ya votaron” se almacena de forma desordenada y utiliza la misma tecnología que hasta ahora se ha usado para cambiar el orden en que se almacena los votos. De este modo, tanto los votos como la lista de huellas de personas que votaron están desordenados, haciendo imposible la reconstrucción de cualquiera de las secuencias.

“…pero me han dicho que, con las máquinas, el voto nunca ha sido secreto”
La realidad es que en Venezuela, al menos desde la implantación del actual sistema automatizado en 2004, no ha habido un sólo caso donde alguien haya podido violar el secreto del voto de ningún ciudadano.
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Imagen: Darwin Bell via photopin cc

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