Votos nulos vs Votos en blanco

Cuando se escucha hablar de votos nulos, es común asociarlos con votos que “no van dirigidos a nadie” o que “no pueden asignarse a nadie”, y aunque esto es ocurre en la práctica, no es ésa la única implicación de un voto nulo.

La existencia del voto nulo proviene del hecho de que en votaciones tradicionales, con papeletas marcadas a mano, existen casos donde es imposible interpretar la voluntad del elector al observar la boleta para su conteo. Casos típicos de esto son, por ejemplo, que el votante seleccione más opciones que las permitidas, lo que hace imposible determinar a cuál candidato u opción debe adjudicarse el voto, o cuando la opción a seleccionar no es marcada correctamente.

El tratamiento dado a los votos nulos varía de acuerdo a la legislación de cada país, pero lo usual es que no se consideren como votos válidos, por lo cual no influyen en la adjudicación de cargos luego del conteo. Veamos un ejemplo:

En una elección se emiten 1000 votos, de los cuales 460 son para la opción A, 300 para la opción B, 100 para la opción C y 140 votos nulos. Tenemos un total entonces de 1000 votos emitidos, de los cuáles únicamente 860 son válidos. Esto quiere decir que la opción A obtiene mayoría absoluta dado que  sus 460 votos superan el 50% de los votos válidos (que en este caso serían 430).

Vitis en blanco

Imagen: zutaten [cc]

¿Y un voto en blanco no es lo mismo?

No exactamente. Un voto en blanco no se adjudica a ninguna opción, pero suele interpretarse de la siguiente manera: “el elector no está conforme con ninguna de las opciones propuestas”, por lo tanto es un voto válido. Veamos el mismo ejemplo anterior, cambiando los votos nulos por votos en blanco:

En una elección se emiten 1000 votos, de los cuales 460 son para la opción A, 300 para la opción B, 100 para la opción C y 140 votos en blanco. Tenemos un total entonces de 1000 votos emitidos, de los cuáles todos son válidos. Esto quiere decir que la opción A no obtendrá mayoría absoluta dado que  sus 460 votos no superan el 50% de los votos válidos (que en este caso serían 500).

Pero un voto en blanco puede ocurrir por accidente

El problema con la interpretación anterior es que no necesariamente un voto en blanco quiere decir que el elector no está de acuerdo con ninguna de las  opciones. Puede ser que simplemente olvidó marcar la opción de su preferencia. Esto puede parecer absurdo en elecciones sencillas (una elección presidencial con pocas opciones), pero ¿qué ocurre en una elección con varias contiendas? Es posible que un elector, por descuido o apuro, olvide marcar su preferencia en alguna de esas contiendas. Digamos que marca su opción para la presidencia o la gobernación pero olvida marcar al alcalde.

Considerando esto, algunas legislaciones electorales prevén  la colocación de una opción adicional “Voto en Blanco” en cada contienda electoral, de modo que si al votante no le gusta ninguna opción, indique explícitamente que desea votar en blanco, equivalente a tener una opción llamada “Ninguna de las anteriores”. Usualmente, en estos casos, si la boleta es dejada sin marcar, el voto es tratado como un voto no válido y los votos no marcados suelen considerarse nulos.

El voto en blanco en realidad tiene poco efecto práctico más allá de dificultar la obtención de una mayoría absoluta y forzar una segunda vuelta, o alterar la distribución de escaños parlamentarios, dependiendo del método usado para adjudicar los cargos en cada país.

Debido a que el significado de este voto en blanco explícito es igual a un “ninguna de las anteriores”, existen lugares donde se le ha dado este nombre: Grecia, Ucrania o el estado de Nevada en Estados Unidos, entre otros, mientras que países como España o Colombia mantienen el nombre de “Voto en Blanco”.

¿Qué pasa si gana esta opción?

Un caso interesante a plantear es el qué hacer si la mayoría de los electores vota por la opción de “ninguna de las anteriores”. De hecho, existen propuestas legislativas que plantean que, de pasar esto, el cargo quede desierto y deban convocarse nuevamente elecciones para el mismo, ya que este hecho implicaría que ninguna de las opciones existentes es del agrado de la mayoría de los electores. Un caso interesante de esto en el campo de la ficción lo aborda José Saramago en su Ensayo Sobre La Lucidez.

Comentario final

Aunque el voto nulo (al igual que la abstención) ha sido usado en muchas ocasiones como señal de protesta contra el sistema establecido o signo de inconformidad con  las opciones presentadas para una determinada elección, lo cierto es que es imposible conocer de manera inequívoca qué quiso decir un elector al anular un voto. El voto nulo en sí mismo nace de la imposibilidad en tiempos pasados de impedir que el votante cometiera  errores al momento de marcar una boleta que invalidaran, por accidente, su voto. Es por ello que los sistemas de votación más modernos eliminan  la posibilidad de emitir un voto nulo accidental, aunque deben mantener la posibilidad  de que el elector vote en blanco, si no está conforme con ninguna de las opciones.

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