Proceso de votación: cadena de custodia del voto

Una de las garantías fundamentales que debe preservarse durante un proceso de votación, es que cada uno de los votos emitidos sea adecuadamente procesado y contabilizado en los resultados finales.

Para lograr esto debe implementarse un procedimiento transparente y auditable, que asegure a cada elector el respeto de su voluntad expresado con su voto.

A este procedimiento que garantiza que la voluntad del elector sea respetada lo llamamos “Cadena de Custodia del Voto”, por sus similitudes con la cadena de custodia de evidencia forense, y debe asegurar, mediante registros físicos, que la información se mantiene inalterada durante su paso por cada proceso. Estos registros deben ofrecer la posibilidad de verificación pública en caso de que sea necesario relegitimar los resultados finales de una elección.

La manera de implementar este procedimiento varía según el mecanismo de votación utilizado, pero siempre debe ofrecer la garantía de proporcionar registro físico de cada uno de los pasos involucrados en la elección.

– Votación:

Por cada voto emitido debe generarse un registro físico, que certifique que la expresión del elector sea interpretada y/o contada de manera correcta.

En el caso de que el acto de votación se lleve a cabo de forma manual, la boleta marcada por el elector constituye el registro físico necesario para mantener la cadena de custodia.

Si el acto de votación se realiza de manera automatizada, es necesario que la máquina donde se lleva a cabo emita algún tipo de comprobante físico que permita al elector constatar que el registro fue correcto.

En cualquiera de las circunstancias descritas, el registro físico debe guardarse de manera segura hasta el final del proceso de votación. Para ello se utiliza normalmente una caja de resguardo.

– Interpretación/lectura del voto

En los casos donde el voto se realiza manualmente, es necesario que este sea interpretado para poder ser contado. La interpretación de estos votos puede ser llevada a cabo, voto por voto, bien sea por las personas acreditadas para tal fin -miembros de mesa- o por máquinas que leen las boletas e interpretan las marcas realizadas por el elector (scanners).

En los casos de conteo manual, la interpretación del voto se hace durante el proceso de escrutinio, posterior al cierre del acto de votación.

Una de las vulnerabilidades de estos tipos de interpretación es la posibilidad de la aparición de boletas marcadas de manera ambigua por el elector: marcas parciales en la opción, mayor número de opciones señaladas que las requeridas, etc., circunstancias que pueden conducir a interpretaciones discrecionales de la voluntad del elector.

Esta vulnerabilidad desaparece al registrar el voto directamente en una máquina: al no presentarle al elector la posibilidad de introducir ambigüedades (como marcar más opciones que las requeridas o llenar “a medias” un recuadro) se elimina la necesidad de una “interpretación discrecional” posterior al voto.

– Proceso de escrutinio

Consiste en el conteo de los votos registrados y la publicación de un documento con el resultado de este conteo, llamado generalmente Acta de Escrutinio.

Este proceso de conteo puede también realizarse de manera manual o automatizada. El segundo método es el más recomendado por ofrecer una mayor posibilidad de eliminar “errores humanos” (voluntarios o involuntarios), siempre que las máquinas utilizadas sean correctamente probadas y sea verificada su precisión, previamente a la elección.

Una vez culminado el proceso de escrutinio debe emitirse un certificado (acta de escrutinio) que refleje los resultados del conteo. Este certificado puede hacerse de manera manual o ser emitido por una máquina, dependiendo del método de conteo utilizado.

– Transmisión y consolidación de resultados

Al finalizar el escrutinio en cada local de votación, las actas obtenidas deben consolidarse y totalizarse, a fin de conocer los resultados globales de la elección.

El proceso de transmisión de estos resultados parciales puede ser llevado a cabo de diversas maneras: transporte físico de las actas hasta el lugar de totalización, transmisión de una imagen del acta, vía scanner o fax, transmisión “por voz” vía telefónica, o transmisión electrónica, entre otros.

Todos los métodos enumerados, excepto el de transmisión electrónica, requieren una transcripción posterior en el lugar donde se lleve a cabo la totalización, a fin de que puedan ser sumados. Al igual que con el proceso de conteo, esta transcripción manual lleva asociado el riesgo de errores humanos.

En los casos donde se usa transmisión electrónica de datos, deben implementarse estándares de seguridad de transferencia de datos, a fin de garantizar la integridad de los mismos.

– Totalización y adjudicación

Una vez recibidas y consolidadas las actas de escrutinio de los diversos locales de votación, se lleva a cabo el proceso de totalización y adjudicación de ganadores. La complejidad de estos dos procesos depende de la complejidad de la propia elección: una elección presidencial, donde todos los votos se suman y el ganador es quien obtenga la mayor cantidad,  resulta menos compleja que una parlamentaria, donde la selección de candidatos es múltiple, existen votos nominales y por listas, y la adjudicación de listas sigue métodos más complicados.

El registro físico, en las fases de totalización y adjudicación, lo constituyen las actas de totalización y los boletines de resultados oficiales.

¿Cómo se garantiza la continuidad de la cadena de custodia?

Como se mencionó al inicio, es necesario mantener registros físicos de cada uno de los procesos por los cuales pasa el voto, a fin de poder auditar que se mantuvo la cadena de custodia y que, por lo tanto, la información no fue alterada. Veamos entonces:

– Voto: se tiene un registro físico del voto, bien sea en la boleta misma o mediante un comprobante emitido por la máquina donde el voto fue registrado. Este registro debe mantenerse resguardado de manera segura en el centro de votación (y preferiblemente en un lugar visible para cualquier testigo del proceso).

– Escrutinio: una vez terminado el acto de escrutinio se genera un acta con los resultados. Ya que este es un proceso donde se transforma la información (cada voto por separado se consolida en un total parcial), resulta fundamental que pueda ser auditado tanto por mecanismos preestablecidos (como una auditoría aleatoria definida por el reglamento electoral) como a petición de alguno de los actores electorales (por ejemplo, en caso de una impugnación).

Al contar con un registro físico tanto de los votos como del escrutinio, es sencillo contar los votos mediante algún mecanismo alterno y comparar los resultados obtenidos con el acta de escrutinio generada.

– Transmisión y consolidación: independientemente del método utilizado para la transmisión y consolidación de los resultados parciales, debe ser posible comprobar de manera independiente la integridad de la información transmitida. Para ello, cualquier proceso de transmisión debe generar una copia de cada una de las actas recibidas, de modo que tras la publicación de estas copias, las mismas puedan ser contrastadas con las actas de escrutinio originales.

– Totalización y adjudicación: como resultado final del proceso de totalización, los resultados son divulgados (con la cantidad de votos obtenidas por cada opción) y se lleva a cabo la adjudicación de los ganadores. Al tener las actas de escrutinio (o las copias de las mismas posteriores a la transmisión) es posible, usando métodos alternos, verificar que estos procesos se llevaron a cabo de manera correcta.

Si se sigue el principio de generación de evidencia impresa en cada uno de los pasos de la cadena de custodia del voto, resulta imposible la alteración de los resultados electorales en ninguna de las etapas del proceso por parte de ninguno de los actores involucrados en la elección: candidatos, partidos políticos, o ni siquiera el organismo oficial responsable por la elección, ya que cualquier alteración quedaría en evidencia durante los procesos de auditoría pública.

En relación al voto electrónico, Ronald Rivest (experto en criptografía y seguridad de datos, y uno de los creadores del algoritmo RSA), expone un principio al que denomina “Software Independence in Electronic Voting”, según el cual, si se dejan registros físicos de todas las fases involucradas en el proceso electoral, es imposible alterar el resultado de la elección sin que esto sea notado de manera evidente, aún cuando el propio software del sistema de votación sea alterado de manera maliciosa. Puede descargar el artículo de Rivest aquí (en inglés).

Una nota final

En los casos donde el voto se ejerce de manera manual y es necesaria su posterior interpretación, es mucho más difícil garantizar este principio, debido a que los votos que se consideren ambiguos pueden contabilizarse de manera diferente, dependiendo de quién sea el responsable del conteo (o posterior reconteo/auditoría), por lo que con métodos de votación manual, no es posible garantizar de manera inequívoca que cada voto es contado respetando correctamente la voluntad del elector.

[Imagen Original]

Comentarios (4)

  1. Julio abril 19, 2013
    • Rui abril 19, 2013
      • Julio abril 20, 2013
  2. NicolasPh octubre 20, 2015

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